HISTORIA DE BOCAS

Siglos que se habían ido los anteriores habitantes sedentarios. Para 1570 cuando los españoles empezaron a internarse en lo que hoy es Bocas Ex -Hacienda y Delegación, no encontraron mas que Guachichiles seminómadas, sin asiento fijo, que no practicaban ningún cultivo y solo vivían de lo que la naturaleza les ofrecía en estado virgen: tunas, mezquites, dátiles, raíces, ratas magueyeras, liebres, aves. Los indios agricultores ya no existían. Quizás los obligo a emigrar una prolongada sequía u otro accidente climatológico, al igual que a los pobladores del Valle de San Luis, por el 1200 de nuestra era.

 

Después llegaron los chichimecas de los que formaban parte los Cuachichiles o Guachichiles, que ocuparon el Altiplano Potosino. En 1546 se descubrieron las minas de Zacatecas y fue ya conquistado el Centro de México- o Mesoamerica – los españoles y sus aliados se encaminaron al norte, a lo largo de famoso Camino de la Plata, abierto con tal fin. Los Chichimecas reaccionaron con furia ante esta invasión y exploto la cruenta, costosa y larga guerra chichimeca, que duro de 1550 a 1590.

 

Fue cuando esta región que formaba parte del Tunal Grande, entro a la historia. El modo sangriento, cruel, como los naturales lucharon contra los inmigrantes, les dio fama por los espeluznantes asaltos y matanzas cometidas. Los Guachichiles fueron abiertamente calificados como los más valientes, los más feroces y los más escurridizos de todos los Chichimecas.

 

El Tunal Grande, recibió este nombre por que no había en el mas “muncho monte de mezquites y nopalera”. Abundaban las palmas. El pirul, todavía no llegaba por acá, entonces, apenas empezaba a meterse los animales domésticos traídos por los españoles y que no conocían los indio: reses, burros, y caballos, los primeros; luego gallinas, puercos, borregos, chivas y abejas castellanas, así como granos, frutos, y frutas desconocidas.

 

Por 1570, el mas celebre de los grupos guerreros, de los Guachichiles era el que se habia hecho fuerte en los alrededores de las Bocas de Maticoya, encabezado por Martinillo. Debía su fama a que era el que había causado a los españoles e indios pacificados. El Tunal Grande era el riñón de la Guachichila, la región más riesgosa y difícil de apaciguar. Y entre ella se interno al empezar la década de 1850 el humilde Fray Diego de la Magdalena, en compañía de un Sacerdote Franciscano. Anduvieron por donde hoy es San Miguel Mezquitic, Nuestra Ciudad Capital, Amadillo, Moctezuma, Charcas, Salinas y otros puntos en busca de indios de guerra para evangelizarlos y ponerlos en paz. Sufrieron, además de prolongadas caminatas, asoleos, fríos, los ataques de los indios.

 

Por entonces, también, entro el gran Capitán Mestizo Miguel Caldera; pero no en son de guerra, ni como militar sino como mediador para conquistar la paz y asentar a los indios en guerra en ranchos y congregaciones donde pudieran vivir en forma organizada y de fijo.

 

Recurrió, apoyado decididamente por los Virreyes, que le dieron pleno poder a los llamados “regalos de paz”, o sea, víveres, ropa, instrumentos y un sinfín de baratijas. Así, Caldera y los Franciscanos, pudieron poner paz a los Guachichiles. Sin los “Regalos de paz” no podían dejar los indios su vida seminómada y bárbara. Gracias a ellos ya no tenían no solo que comer, sino comida cocinada a la española, que vestir, en que ocuparse y divertirse ordenadamente y efectivamente.

 

Por 1588, firmada la paz Chichimeca, como defensa se estableció el Fuerte de la Bocas de Maticoya. Alrededor de el y a su amparo, con un “Capitán Protector”, cuya misión era promover la organización, catequizando y civilizando a los indios, se formó esta hacienda. Andrés Fonseca fue el primer “Maestro Labrador” asignado a Bocas, para enseñar a los indios a trabajar la tierra. Juan de la Hija, subordinado de Caldera, distribuía los regalos de paz a los Guachichiles, aun a los llegados de tan lejos como Charcas y Matehuala.

 

El Capitán Gabriel Ortiz de Fuenmayor, por órdenes de Caldera, quedo encargado del “Almacén Real” de aquí, en Bocas, repartía los regalos de paz, siempre ante un Franciscano que certificaba la distribución, Ortiz de Fuenmayor, fue el fundador de esta hacienda.

 

En 1591, con el fin de que colaborara con su ejemplo al desarrollo de los asentamientos que habría fundado Caldera, se trajo a 400 familias Tlaxcaltecas para colonizar la Gran Chichimeca.

 

Según el acta: “en dos días del mes de noviembre de 1591, pareció el p. Fr. Ignacio de Cárdenas, D, Francisco Vázquez Coronado, gobernador de los tlaxcaltecas y demás principales, hice parecer a Juan Tenso, señor natural de estas tierras y Miguel Caldera – Cacique Guachichil y Andrés de Fonseca- Maestro Labrador de Bocas-, dí posesión…y los tome de la mano y metí en ellas a los dichos Tlaxcaltecas y Chichimecas…”. Se les dio posesión de las tierras de San Miguel Mexquitic, de Espíritu Santo, “Y otros sitios… y así mismo tomaron posesión de las bocas de Maticoya, donde al presente están rancheados una parcialidad de los chichimecos que nuevamente han ido a la reducción cristiana”.

 

Medio año después, en junio de 1592, con motivo de la insurrección de los indios de San Andrés, Caldera llamo a los indios de Bocas y otras partes para que cooperaran en la pacificación de estos rebeldes. Les repartió cotas de malla y otros regalos a los Capitanes de Bocas, uno de ellos Don Diego, hijo de Juan Tenso, el jefe principal de los Guachichiles del Gran Tunal.

 

Al formarse la agricultura y la ganadería potosinas, se formo también la hacienda. Como por aquí pasaba el rió, había agua suficiente para abrir aguajes y norias, así nació esta hacienda, de las mas prosperas de los alrededores. Para 1650 era de Juan Caballero, por lo que cambio su nombre original de Bocas de Maticoya por el de Bocas de Caballero. Sin embargo todavía en escrituras de fines del siglo XVIII se le cita como Bocas de Maticoya o Baticolla.

 

Por 1725, o antes, paso a ser propiedad de Don José de Torres y Vergara, abogado de la Real Audiencia de México, quien fundo una obra pía, desaparecida esta en 1823, el heredero Don José Maria Sánchez Mora, paso a ser dueño de Bocas, de Cruces y Santa Ana.

 

Medio siglo después llego a esta hacienda, como administrador de ella, Don Juan Nepomuceno Oviedo, el celebre “amo Oviedo”, caído en el sitio de Cuautla en 1812.

 

Al estallar la guerra de Independencia, Calleja llamo a filas a muchísimos hombres criollos y mestizos, acudieron personas como Don José Matías Martín y Aguirre, minero de Catorce, Miguel Barragán, Manuel Gómez Pedraza, Pedro Meneses, Esteban Moctezuma y entre otros, Don Juan Nepomuceno Oviedo. Este se alisto con 180 de sus dependientes a los que llamaron los tamarindos, por el color gamuza de sus vestidos. Jefe y soldados se distinguieron por su valor y astucia en las batallas de aculco, reconquista de Guanajuato, Puente de Calderón, Zitacuaro y Cuautla, donde cayó el “amo Oviedo”.En 1824, al formarse el estado de San Luis Potosí, se formo el municipio de la Capital, dentro de el quedo casi toda la Hacienda de Bocas; una porción quedo dentro de Pinos Zacatecas. Veinte años después paso a poder de Don Juan de Dios Pérez Gálvez.

 

Para entonces el rancho de Ahualulco, que fuera estancia de Bocas había crecido tanto que se independizo y se convirtió en Villa de Ahualulco.A mediados de siglo, por las guerras civiles, la hacienda fue muy castigada por los saqueos y los prestamos forzosos y los campesinos, por las levas o secuestros para reponer las bajas ocurridas en las batallas, entre los saqueos es memorable el que cometió el fronterizo Zuazua, en 1858.

 

Pérez Gálvez, en 1869 dividió la hacienda dividió la hacienda en tres partes: Bocas, San Antonio de Bocas- que se convirtió en San Antonio de Rul-, y Rancho de Bocas- que paso a ser Valle Umbroso-.

En 1870, Francisco y Javier Farias, compraron lo que quedaba de la hacienda original. Años después en 1888, por el mes de junio llego la vía de Ferrocarril México – Laredo al casco de la hacienda. Paso por atrás de la casa, por loe que en 1894, se adorno esa parte con un estratégico y singular mirador al que después se le puso techo.

 

Por ultimo, en 1900, esta histórica hacienda paso a manos de Don Jesús García de quien la heredo el actual propietario el Sr. Arq. Don Jesús García Collantes. Con la Reforma Agraria, dejo de ser hacienda y se convirtió en ejidos y Delegación, finalmente, en parroquia el 3 de junio de 1983, con la advocación de Santa Maria de Guadalupe.

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